Caja no es resultado
El dinero entra el día que se cobra; el ingreso, el mes en que se da la clase.
Una academia puede tener un año bueno y quedarse sin dinero en junio. No es mala gestión de los cursos: los ingresos entran casi todos al principio del curso y los gastos salen los doce meses igual. Aquí tienes cómo se prevé esa estacionalidad y cómo se planifican los pagos por trimestres, con la caja y la contabilidad en la misma suscripción desde 149 €/mes.
En esta página
| Periodo | Qué entra | Qué sale | Qué vigilar |
|---|---|---|---|
| Septiembre y octubre | Matrículas, primeras cuotas y material | Refuerzos de profesorado y captación | Qué parte de lo cobrado es del curso entero |
| Noviembre y diciembre | Cuotas y alguna matrícula tardía | Nóminas, alquiler, suministros y seguros | El mejor mes para apartar el colchón |
| Enero a marzo | Cuotas, renovaciones y algún curso nuevo | Los fijos y los pagos del trimestre | Las bajas de enero, que se notan antes |
| Abril a agosto | Últimas cuotas y un verano flojo | Los fijos, con menos caja entrando | Que lo apartado en otoño llegue a septiembre |
Si tu mes más flojo es julio o agosto, ya tienes el número que importa.
Ese dinero tiene dueño: se lo estás cobrando a un alumno por una formación que vas a dar en los próximos meses.
El dinero entra el día que se cobra; el ingreso, el mes en que se da la clase.
La parte de los meses siguientes se libera según avanza el curso.
Qué parte se devuelve si un alumno abandona se decide antes de cobrar.
Se pagan con o sin alumnos en el aula.
Todos los meses, también en verano.
Anualidades que caen en el mes sin ingresos.
El trimestre que más ingresos trae no es siempre el que más impuestos paga; el que menos trae, siempre paga el mismo recibo de seguros sociales.
Banco y caja, con los pagos ya emitidos.
Alquiler, nóminas, seguros y suministros.
Cuotas domiciliadas, remesas y colaboraciones.
Perder un grupo, abrir uno nuevo y contratar.
La previsión de doce meses, con tus propios números.
Antes de que llegue junio
Trabajando con el calendario, no con el mes. Escribe los compromisos fijos de los doce meses (alquiler, nóminas, seguros, suministros, cuotas), pon encima los cobros que ya conoces por contrato o por domiciliación y mira cuál es tu mes más flojo y cuánto dinero hace falta para llegar a él. Esa cifra es tu objetivo de colchón, y no hay una cifra universal: sale de tus propios números.
En caja sí, en resultado no. El dinero entra el día que se cobra, pero el ingreso se imputa al periodo en el que se presta la formación, así que una matrícula de curso anual cobrada en septiembre no es toda beneficio de septiembre. Confundir las dos cosas es lo que convierte una caja buena en un problema del año siguiente. En la práctica: el dinero que no es de este mes se aparta y no se gasta.
Primero, mirar la previsión con meses de antelación: si el problema se ve en enero, tiene solución; si se ve en junio, es una urgencia. Las salidas habituales son adelantar cobros del curso siguiente, pactar el calendario de pagos con proveedores y con el arrendador y hablar con el banco antes de necesitarlo. Las retenciones y los seguros sociales no son una buena partida para retrasar.
El que cubra tu mes más flojo: la diferencia entre los pagos fijos de ese mes y lo que entra de verdad. Es una cifra que sale de tu previsión y cambia si abres un grupo nuevo o contratas a alguien. Cualquier número redondo que te den sin mirar tus datos es una cifra de ningún sitio.
Los plazos de presentación e ingreso son los que son, y presentar tarde tiene recargos e intereses según la Ley General Tributaria. Existe la posibilidad de solicitar un aplazamiento o fraccionamiento, con sus requisitos y sus intereses, y se pide antes del plazo, no después. Es una decisión que se toma con la previsión delante y no con el aviso ya encima.
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