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Cuatro cuentas que conviene hacer bien

Se calculan en tu navegador y no se envía nada a ninguna parte. Ninguna trae tipos ni porcentajes puestos por nosotros: los pones tú, porque cambian y dependen de tu caso.

Cuánto cuesta de verdad contratar a alguien

El salario bruto no es el coste. A eso se le suma lo que la empresa cotiza por esa persona, y es la cifra que sale de la cuenta cada mes.

El tipo de cotización a cargo de la empresa depende del grupo, del contrato y de la actividad, y cambia cada año. Ponlo tú o pregúntanoslo: el que traiga esta casilla por defecto es solo un punto de partida para ver la mecánica.

El error habitual es negociar sobre el bruto y descubrir después que la nómina cuesta a la empresa bastante más. La cotización a cargo de la empresa no aparece en la nómina que ve el trabajador, pero sale de la misma cuenta.

Y falta lo que no es dinero: el tiempo hasta que la persona es productiva. Eso no se calcula, pero conviene contarlo antes de decidir.

Tu punto de equilibrio

Cuánto tienes que vender para no perder dinero. Es la primera cifra que debería saber cualquiera que tenga costes fijos.

Los costes fijos son los que no cambian aunque vendas más o menos, dentro de un rango normal. Si dudas de si algo es fijo o variable, pregúntate qué pasaría con esa factura si el mes que viene no vendieras nada.

El margen de contribución es lo que queda de cada venta después de pagar lo que esa venta consume. Es lo que va cubriendo los costes fijos, y cuando los cubre entero, empieza el beneficio.

Subir precios mueve esta cifra mucho más rápido que vender más unidades, porque el precio afecta al margen y las unidades solo al volumen.

Lo que te cuesta cobrar tarde

El dinero que está en una factura sin cobrar no es tuyo todavía, y mientras esperas te cuesta algo. Esto pone número a ese algo.

El coste de tu financiación es el interés de tu póliza de crédito, o lo que te costaría pedir ese dinero. Si no tienes financiación, sigue habiendo un coste: es lo que no puedes hacer con ese dinero mientras no lo tienes.

Con este número en la mano, un descuento por pronto pago deja de ser una pérdida y se convierte en una cuenta: si el descuento cuesta menos que la espera, sale a cuenta ofrecerlo.

Y sirve para lo contrario: saber cuánto te está costando de verdad ese cliente grande que paga a noventa días.

IVA de una factura, al revés y del derecho

Del importe sin IVA al total, o del total al importe sin IVA. La segunda es la que se hace mal: no se resta el porcentaje, se divide.

El tipo lo pones tú porque depende de lo que vendas. Y hay operaciones exentas, otras con inversión del sujeto pasivo y comercios en recargo de equivalencia: si tu caso no es el normal, esta cuenta no basta.

Sacar la base de un total con IVA no es restar el porcentaje. A un total de 121 con IVA del 21 % no se le quita el 21 % de 121: se divide entre 1,21. La diferencia son casi cinco euros en ese ejemplo, y crece con el importe.

El IVA no es ni ingreso ni gasto: lo recaudas o lo soportas por cuenta de la Administración, y la diferencia entre los dos es lo que se liquida.

¿Y si lo miramos con tus números?

Estas cuentas son la versión rápida. La de verdad sale de tus libros, y para eso hace falta media hora de conversación.

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