La merma de preparación
Un kilo de pescado limpio no cuesta lo mismo que uno con espinas: con el precio en bruto, el escandallo miente.
Casi ningún restaurante pierde dinero por un plato mal calculado: lo pierde por las veinte decisiones pequeñas que nadie revisó. Esta página es la rutina semanal para saber qué te cuesta cada ración, qué se te va por el camino y cuánto de tus ventas se queda en personal. Cinco números y el mismo día cada semana.
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No se resuelve con un programa caro ni con un consultor que venga dos semanas: se resuelve con una rutina. Todos los lunes, a la misma hora, los mismos números. Cuando llevas tres semanas mirando lo mismo, notas una subida de proveedor antes de que pase un mes.
Estos son los cinco. La última columna son rangos que se citan como referencia en el sector, no una norma: lo que importa es si este lunes el número empeoró.
| Qué miras | Cómo se calcula | Cada cuándo | Referencia que se cita |
|---|---|---|---|
| Coste de la materia prima (food cost) | Compras de comida ajustadas por inventario, sobre ventas de comida | Semanal | Ronda el 30 %; cambia según la carta |
| Merma total | Diferencia entre lo comprado y lo vendido, a precio de coste | Semanal | Se estima entre el 2 % y el 5 % de la compra |
| Desviación de precios de compra | Precio pactado contra precio facturado, línea a línea | Semanal | El objetivo es cero |
| Inventario valorado | Existencias contadas por su coste, en euros | Semanal lo caro, mensual el resto | Sin referencia: es tu foto |
| Coste de personal sobre ventas | Nóminas más Seguridad Social a tu cargo, sobre ventas | Mensual | Se cita entre el 30 % y el 35 % |
Los cinco se sacan de sitios distintos —el albarán, el TPV, la nómina, el banco—, y por eso casi nadie los mira juntos. Cuando salen del mismo sistema, el lunes es leer una pantalla.
Un escandallo es la ficha de coste de un plato; «vivo» significa que se actualiza cuando cambia el precio de compra. La carta de casi todos los locales se revisó hace catorce meses y el precio del pescado no se ha quedado quieto.
Un kilo de pescado limpio no cuesta lo mismo que uno con espinas: con el precio en bruto, el escandallo miente.
Subir precio, cambiar la guarnición, cambiar de proveedor o quitarlo: lo que no vale es dejarlo porque se vende.
Lo que más cuesta (carne, pescado, marisco, destilados) con cada subida; el resto, al trimestre.
El escandallo es lo que te permite poner precio con criterio en vez de copiar el del local de al lado: calculadora de escandallo.
La merma visible es la que se apunta en un papelito. La importante es la que no: raciones más grandes de lo que dice el escandallo, aperitivos sin contar, invitaciones sin registrar y producción que se tira al final del servicio. Se mide cruzando lo comprado con lo vendido a precio de coste, y el cuadro necesita producto, cantidad y motivo.
Es lo primero que se arregla y lo que menos duele, porque casi siempre es porción y producción, no robo.
Cocinar bien y comprar bien son dos oficios distintos, y funcionan con hábitos muy sencillos.
Un responsable firma el albarán y lo coteja con el precio pactado, no solo con la cantidad.
Cada producto, un sitio y una unidad: sin eso, contar es interpretar. Lo caro, cada semana.
Con estas dos cosas en orden, la contabilidad deja de ser una reconstrucción: el resultado del mes se explica por compras, por merma o por personal.
El coste de personal sobre ventas se lleva en el cuadro de mando mensual, pero la decisión se toma por franjas: el mediodía de un martes, con dos personas en sala y tres mesas ocupadas, ese coste no es del 30 %. Y lo que importa no es el sueldo bruto, sino el coste por hora con la Seguridad Social a tu cargo.
Casi nunca la solución es echar gente: es mover turnos y ajustar la producción a la demanda. Para verlo con tus turnos: calculadora de coste de personal por turnos. Las reglas están en el convenio de hostelería.
Elige los cinco números y un día fijo. Recalcula el escandallo de tus siete platos más vendidos con precios de este mes: suele aparecer uno que ya no deja margen.
Poner el precio de la carta sin escandallo, firmar albaranes sin cotejar precios y descubrir en junio que el punto de equilibrio subió en enero.
Lo caro, cada semana: carne, pescado, marisco, destilados y vinos de precio alto. El resto aguanta un mes sin problema. Lo importante no es la frecuencia, es la constancia: contar cada semana unos productos y no contarlos nunca es peor que contar todos una vez al mes, porque no puedes comparar. Y el valor siempre al mismo criterio.
Merma es todo lo que compras y no llega a venderse: lo que se tira al limpiar, lo que se pasa de punto, lo que se rompe y lo que sale en raciones más grandes de lo previsto. Para medirla no hace falta pesar cada plato todos los días: se cruza lo comprado con lo vendido, valorado a precio de coste, y la diferencia es tu merma total. Lo que sí conviene es separar la merma de preparación, que ya está en el escandallo, de la merma que no estaba prevista.
Es la referencia que más se cita en el sector, pero no es una norma ni un objetivo universal: depende de la carta, del tipo de local y de tu estructura de precios. Hay locales que trabajan por encima de ese porcentaje y son rentables porque su personal y su alquiler son bajos, y otros que lo bajan y siguen sin ganar. Lo que de verdad te sirve es la comparación con tu propia serie histórica.
Las otras cuatro patas: la merma oculta, el coste de personal por franja, los precios de compra desactualizados y el punto de equilibrio del local. Un restaurante con buen food cost puede perder dinero en las franjas donde abre con plantilla completa para vender poco. Ese cálculo —cuánto tienes que vender para cubrir tus costes fijos— tiene su propia herramienta: la calculadora de punto de equilibrio.
Cotejando cada albarán con el precio pactado, línea a línea, y revisando la factura del mes antes de pagarla. La subida silenciosa no se ve nunca en el total: se ve en el precio unitario del género que más compras. Si el cotejo es manual y se hace a final de mes, la subida ya lleva tres semanas dentro de tus números.
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