¿Puedo incluir una cláusula de penalización por retraso en mis presupuestos?
Sí, puedes incluir una cláusula de penalización por retraso en tus presupuestos. Pero si la redactas mal, el juez puede dejarla sin efecto. Te contamos cómo hacerlo bien.
Qué es una cláusula penal y por qué te conviene
Una cláusula penal es un pacto entre dos partes. Si una incumple, paga una cantidad o sufre otra consecuencia. En un presupuesto, esa cláusula suele cubrir dos retrasos: el del pago y el de la entrega.
Pongamos un caso real. Un autónomo hace una web a un cliente. El cliente la necesita para una campaña. La página llega tarde y el cliente pierde una oportunidad de venta. Sin cláusula penal, el cliente solo puede reclamar daños si los demuestra. Con cláusula penal, tiene una cantidad fijada por adelantado: no tiene que justificar cuánto perdió. Y tú, si eres el proveedor, también puedes poner una cláusula penal para que te paguen a tiempo.
En resumen: la cláusula penal aporta seguridad y evita discusiones futuras. Pero no sirve cualquier redacción.
¿Es legal ponerla entre empresas y autónomos?
Sí, la ley reconoce la autonomía de la voluntad. Dos partes libres pueden pactar las consecuencias de un incumplimiento. Esto vale tanto para un contrato entre un autónomo y una gran empresa como entre dos pequeños negocios.
Hay matices. Si tu cliente es un consumidor, la cosa cambia. Las normas de consumo protegen al particular y anulan muchas cláusulas de penalización que no sean estrictamente necesarias. Este artículo habla de relaciones entre empresas y autónomos, que se rigen por reglas más flexibles.
Pero ojo: flexible no significa sin límites. Los tribunales también corrigen cláusulas abusivas cuando hay desproporción. No vale todo.
El primer límite: que no sea desproporcionada
Una cláusula penal debe ser una compensación razonable por el retraso, no un castigo. Si pones una penalización que triplica el valor del trabajo, un juez puede considerar que es abusiva. Y si es abusiva, la puede anular entera.
Ejemplo de lo que no funciona: “Por cada día de retraso se pagará una cantidad equivalente al 100 % del presupuesto”. Eso no resarce a nadie, te enriquece sin causa. Es una sanción desproporcionada y no se sostiene.
Ejemplo que sí suele aceptarse: un porcentaje moderado por semana de retraso, con un tope máximo. Ese tope es lo que evita que la penalización se convierta en una fuente de beneficios indebidos.
La proporcionalidad se valora caso a caso. No hay una cifra mágica. Un retraso de un día en una mudanza tiene un impacto distinto que en una instalación eléctrica que debe estar operativa para una fecha legal. La penalización tiene que ser creíble en relación con el daño posible.
En la práctica, lo que los jueces miran es si una cláusula puede generar un desequilibrio grave entre las partes. Si la penalización es simbólica o moderada, casi nunca se discute. Si parece una multa, se cae.
El segundo límite: no cobrar dos veces por lo mismo
La cláusula penal puede ser sustitutiva o acumulativa. Si no dices nada, la ley la entiende como sustitutiva. Es decir: quien incumple paga la penalización, pero no se le puede pedir además una indemnización por daños.
Si quieres poder reclamar también los daños que superen esa penalización, tienes que decirlo expresamente. Pero hazlo con cuidado. Pactar las dos cosas puede llevar a un resultado desproporcionado y el juez podría moderarlo.
Lo más limpio es usar la cláusula penal como la única compensación por el retraso. Eso le da certeza a tu cliente: sabe cuánto va a cobrar si no cumples. Y a ti te pone un límite claro de responsabilidad.
Cómo redactar una cláusula que aguante una demanda
Hay cinco puntos que debes aclarar. Si falta alguno, la cláusula se vuelve ambigua y difícil de ejecutar.
- Qué incumplimiento se penaliza. No digas “si hay retraso”. Di “si la entrega se produce después del 30 de junio”. O “si el pago se recibe con más de cinco días naturales de retraso sobre la fecha pactada”. Cuanto más concreto, mejor.
- Cómo se cuenta el retraso. Días naturales, días hábiles, desde cuándo empieza a contar. Todo esto se tiene que poder comprobar fácilmente.
- Qué cantidad o fórmula se aplica. Puede ser un importe fijo por día, un porcentaje sobre el precio o una combinación. Aquí es donde tienes que calibrar la proporcionalidad.
- Cuál es el tope máximo. Sin tope, la penalización se puede convertir en una cantidad absurda con el paso del tiempo. Un tope razonable protege a ambas partes.
- Si la penalización es la única compensación o no. Conviene escribirlo. La frase “esta penalización es la única compensación económica por el retraso” evita muchos malentendidos.
Propongo una redacción equilibrada que puedes adaptar:
“Si el contratista no entrega el trabajo en la fecha prevista, el cliente podrá aplicar una penalización de [importe o porcentaje] por cada [semana] de retraso, hasta un máximo del [porcentaje o importe] del presupuesto total. Esta penalización será la única compensación económica por el retraso, salvo que el retraso se deba a dolo o a una negligencia grave.”
Los corchetes no son para dejarlos así. Son para rellenarlos con números que tengan sentido en tu operación. Y esos números deben ser moderados.
Qué hace el juez si la otra parte la impugna
Que la otra parte firme el presupuesto no es el final. Siempre puede ir a juicio y pedir que la cláusula se modere o se anule. Pasa más de lo que imaginas.
Si la penalización es desproporcionada y el obligado ha cumplido parcialmente, la ley permite al juez reducir la pena para que sea proporcionada. Esto esta pensado para casos como: el trabajo está casi terminado, solo fallan unos detalles, y el cliente pretende aplicar la penalización completa como si no hubiera recibido nada.
Si la cláusula es claramente abusiva, puede ser declarada nula. Entonces se vuelve a la regla general: el perjudicado tiene que demostrar el daño real que sufrió. Muchas veces no puede demostrarlo, y la reclamación se queda en nada.
Por eso una redacción equilibrada te protege más que una agresiva. Una cláusula moderada suele pagarse sin llegar a juicio. Una cláusula excesiva invita a discutirla y a que el juez la tire abajo.
Entonces, ¿la incluyo en mis presupuestos?
Sí, siempre que tengas claro el contrato. La cláusula penal no forma parte de una oferta genérica. Para que sea vinculante, el presupuesto con esa cláusula debe ser aceptado por escrito por tu cliente. Un presupuesto enviado por correo y no respondido no te sirve de nada.
Y tienes que adaptarla al sector. En construcción se usan penalizaciones por día con topes bajos. En servicios digitales, las penalizaciones suelen ser más flexibles porque hay períodos de prueba y correcciones. No copies una plantilla sin pensar qué daño puede causar un retraso en tu negocio.
Míralo también al revés: si tu cliente te la quiere poner a ti, no la rechaces de plano. Lee si el importe y el tope son razonables. Si son desproporcionados, negocia. Y si tienes dudas sobre si una cláusula es abusiva, consulta con un profesional antes de firmar.
Una buena cláusula penal es una póliza de seguro: se usa poco y da tranquilidad. Una mala cláusula es una bomba de relojería. Con medida, sentido común y una redacción clara, es una herramienta totalmente legal y útil.
Este artículo es información general, no un consejo jurídico para tu contrato. Cada caso tiene sus matices y conviene revisarlo con un profesional.
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