Facturar mucho y ganar poco
Que este año factures más que el pasado no significa que vaya bien. Hay una distancia entre vender mucho y quedarte con algo.
Ingresar no es ganar
Un empresario me dijo una vez: "no entiendo nada, cada año vendemos más y no veo el dinero". Le pedí ver los números, no la facturación. La facturación es una foto de la actividad, no de la salud del negocio. Puedes mover mucho dinero y perder en cada operación.
La cuenta clásica es sencilla: lo que cobras menos lo que gastas. Si al final del año te queda algo, hay beneficio. Si no te queda, da igual lo que hayas facturado. Esa es la única pregunta que importa.
Margen bruto: la primera prueba
Los gastos no son todos iguales. Algunos cambian con cada venta: comprar mercancía, pagar a un subcontratista, el transporte de una entrega. Se llaman costes variables. Si vendes más, estos costes suben.
Piensa en un servicio que vendes por 100 euros. Para hacerlo necesitas materiales o trabajo externo por 70. Esos 70 son coste variable. Los otros 30 son tu margen bruto. Ese margen tiene que pagar todo lo demás y, si sobra algo, tu beneficio.
Si vendes un producto por menos de lo que te cuesta producirlo, cada pedido te acerca a la ruina. Puede sonar obvio, pero hay empresas que durante meses venden con margen negativo para ganar clientes. La facturación sube. El agujero también.
Costes fijos: los que están aunque no vendas
Luego están los costes fijos: el alquiler, los sueldos del personal estable, la luz, el teléfono, el software que usas. Estos existen aunque un mes no factures nada.
Cuando miras solo la facturación es fácil olvidarlos. Todo lo que entra parece ganancia. Pero primero hay que pagar las facturas de la casa, la nómina del administrativo, el seguro del local. De lo que queda, solo eso es tuyo.
Margen de contribución: lo que de verdad aporta una venta
Hay una manera más limpia de ver cada venta. El margen de contribución es lo que te queda de un ingreso después de pagar sus costes variables. Es el dinero que esa venta aporta para cubrir los costes fijos.
Por ejemplo, vendes un proyecto por 1.000 euros. Entre materiales y horas externas te gastas 600. Tu margen de contribución son 400 euros. Eso es lo que te ayuda a pagar el alquiler, la oficina y tus propias horas.
Si tienes cincuenta productos, no todos aportan lo mismo. Algunos tienen un margen del 40 %. Otros apenas del 5 %. Una empresa puede facturar mucho con los de margen pequeño y no darse cuenta hasta final de año.
Umbral de rentabilidad: cuándo empiezas a ganar
El umbral de rentabilidad es el punto donde lo que vendes cubre exactamente todos los costes. Ni ganas ni pierdes. A partir de ahí, empiezas a ganar.
Se calcula así: divide los costes fijos entre el margen de contribución de cada venta. Si tus costes fijos son 12.000 euros al mes y cada venta aporta un margen de 400, necesitas 30 ventas al mes para no perder dinero.
Ese número es tu suelo. Si haces 25 ventas, pierdes. Si haces 31, empiezas a ver beneficio. Muchas empresas crecen por debajo de su propio umbral sin saberlo. Suben las ventas, pero nunca pasan de la línea.
Un ejemplo típico: crecer y perder dinero
Imagina una empresa que presta servicios informáticos. Para crecer, acepta proyectos con descuentos. Cada proyecto exige contratar a un autónomo externo. La empresa factura 120 euros hora y paga 90 al autónomo. Margen de contribución: 30 euros por hora.
El dueño está contento porque factura más cada mes. Para atender tanto trabajo contrata a un administrativo. Eso añade 1.500 euros al mes de coste fijo. También cambia de local, otros 800 euros más.
Antes necesitaba un volumen de horas para cubrir sus costes. Ahora necesita más horas. Pero cada hora nueva deja menos margen porque ha bajado los precios para conseguirla. Resultado: factura el doble que hace dos años y pierde dinero cada mes.
Quizá pienses que esto no te pasa a ti. Pero hay una versión más sencilla: una tienda que vende más unidades con promociones. Un taller que factura más horas pero con más piezas caras de las que apenas saca margen. Un restaurante que llena el local con un menú de precio bajo que no cubre los costes.
Vende, pero mira con lupa
Si quieres saber si un negocio va bien, deja de mirar totales y mira líneas concretas. Pregúntate por cada producto o servicio:
- ¿Cuánto me cuesta en materiales, subcontratación y comisiones?
- ¿Qué margen de contribución me deja?
- ¿Cuántas unidades necesito vender al mes para cubrir mis costes fijos?
Hay clientes que dan un margen excelente y otros que solo quitan tiempo. Hay servicios que parecen estratégicos y no dejan un euro. Si no lo sabes, estás tomando decisiones a ciegas.
La diferencia entre facturar y cobrar
Otra trampa es confundir facturación con dinero en la cuenta. Puedes haber facturado mucho pero no haber cobrado. Si un cliente no paga, el beneficio existe en el papel, no en el banco.
El margen de contribución se calcula sobre el ingreso, no sobre el cobro. Por eso conviene vigilar también los impagos. Un beneficio que solo existe en facturas impagadas no paga nóminas.
Entonces, ¿qué haces?
Lo primero es poner en una hoja tus costes fijos mensuales. Lo segundo, calcular el margen de contribución de cada cosa que vendes. Lo tercero, averiguar cuántas ventas necesitas para cubrir los fijos.
Si descubres que estás por debajo, tienes dos caminos: subir precios o reducir costes. Ninguno es agradable, pero son los únicos que sostienen un negocio a largo plazo.
No hace falta ser un contable para entenderlo. Hace falta dejar de mirar la facturación como un trofeo y empezar a mirarla como un mapa. Un mapa no te dice dónde estás ganando ni dónde estás perdiendo. Eso te lo dice el margen.
No hay negocio bueno con margen malo. Hay mucha facturación para poco beneficio, y tarde o temprano la facturación sube y el banco baja.
La próxima vez que alguien diga "facturamos mucho", pregunta cuánto margen queda. Esa es la única cifra que pagará tus facturas y tu sueldo.
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