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Cómo elegir un ERP sin equivocarse

·7 min de lectura

Deja de escuchar al comercial y empieza a preguntar qué pasa si todo se rompe. Estas son las cuestiones que evitan el error caro.

La demo es un escaparate, no una prueba

La demo que te enseñan suele estar preparada con datos limpios y un operador experto detrás. El software se comporta bien porque la escena está pensada para mostrar fortalezas y ocultar aristas. El problema aparece cuando intentas hacer algo con tus propias reglas de negocio.

Por ejemplo, en tu empresa puede ser normal servir un pedido en dos envíos, trabajar con clientes que pagan a 60 días y un comercial que cobra comisión por la factura cobrada, no por la emitida. En la demo eso no se ve. Pide una prueba con un caso tuyo. Si el vendedor se pone nervioso o te promete verlo más adelante, date por avisado: más adelante significa una ampliación del proyecto y una factura nueva.

Si no puedes probar la parte que te duele antes de comprar, tampoco podrás arreglarla después sin pagar más.

¿Quién responde cuando algo falla de verdad?

Firmas el contrato con el fabricante del software, pero la implantación la hace una consultora que desaparece al terminar el proyecto. Seis meses después tienes una incidencia con un asiento de IVA y el soporte te abre un ticket que nadie lee. Antes de firmar, pregunta por el nombre de la persona que se sienta delante cuando las cosas se tuercen.

Busca una situación concreta: es lunes, no puedes validar una factura porque el sistema da un error, y el lunes toca presentar el modelo. ¿A quién llamas? ¿Cuánto tarda en responder mañana? ¿Qué nivel de acceso tiene esa persona a tu sistema? Si te contestan con frases del tipo tenemos un servicio de incidencias, no te quedas con la frase. Pide que te describan el recorrido escrito: tu llamada, el centro de soporte, y qué pasa si en dos horas no está resuelto.

Si te vas, ¿con qué datos sales?

Todo ERP se termina. Puede durar diez años, pero se termina. Cuando llegue el momento, los datos no son un capricho: son tus facturas, tu contabilidad, tu stock, la historia de tus clientes. Si no pactas la salida antes de entrar, te encuentras con que sacar la información cuesta un dinero o que te dan un montón de tablas que solo entienden ellos.

Pregunta en la fase comercial lo siguiente: si un año no os renovamos el mantenimiento, ¿qué formato nos das para llevarnos nuestra información? ¿Un Excel sencillo con las facturas? ¿Una copia de la base de datos con su diccionario de tablas? ¿O un volcado que luego hay que interpretar con herramientas que no tenemos? Haz que lo dejen escrito en el contrato, porque la venta de software no incluye la liberación de datos. Esa parte se negocia y se paga.

Qué queda de tus años en el sistema

Cuando cambias de ERP, te enfrentas a algo que pocos comerciales mencionan: el histórico. Tu asesor o tu gestoría necesitan poder consultar los cierres de los últimos ejercicios, localizar una factura de hace tres años o responder a una notificación de Hacienda sobre un período ya cerrado. No todo ese bloque se puede congelar y dejarlo en una carpeta.

Lo que funciona en la práctica es hablar antes con tu asesor fiscal y preguntarle qué datos necesita conservar como mínimo: asiento de apertura, listados de cierre, detalle de deudas con proveedores, movimientos de bancos. No intentes meter en el ERP nuevo los últimos diez años de albaranes. Mete solo lo que sea consultable y verificable, y guarda el resto en una copia a la que se pueda volver.

La implantación vuelve a empezar cuando termina

El comercial dibuja un calendario con semanas y fechas de entregas. Ese calendario suele terminar el día en que el sistema queda técnicamente instalado. Pero lo que tú necesitas es el día en que tu equipo deja de rellenar las mismas cosas en dos sitios distintos y la contabilidad cuadra con lo que dice el software.

Por eso, pide el plan de proyecto con responsables y entregables. Quién valida que la factura sale con el IVA correcto y que el cliente lo recibe en su correo. En qué momento se acepta un informe de impuestos. Cómo se prueba que una incidencia del mes anterior se refleja en la contabilidad sin duplicar asientos. El plazo de verdad no son las semanas de instalación: es el tiempo que pasa hasta que ya no tienes que comprobar en Excel si lo que ha hecho el sistema es correcto.

  • Pide el nombre de la persona que responde en el día que se rompe el calendario.
  • Pide la lista de entregables que definen el final del proyecto, no una fecha.
  • Pide que te escriban cómo se queda delimitado el soporte cuando el sistema sea tuyo.

El contrato manda, pero la conversación manda más

Al final, un ERP no es una herramienta cualquiera. Es un socio técnico que se sienta en la mesa de tu administración. Un mal socio se conoce cuando aparecen las obligaciones: un modelo, un pago a la Seguridad Social, una respuesta que hay que dar ante un requerimiento. Ese día descubres si compraste una solución o un problema.

No hace falta ser informático para elegir bien. Hace falta preguntar qué pasa cuando algo falla, y no quedarse con la respuesta que toca de memoria. La buena respuesta es concreta, no viene de un guion e incluye la palabra cómo, y no solo la palabra sí.

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